Tenochtitlán- La muerte de Xóchitl una flor de cempasúchil fue causado por su egocentrismo al intentar alcanzar la libertad, pidiéndole así al conejo Tochtli que cortara el tallo de su respectiva raíz. “Desde hoy y para siempre adornarás mis altares” dijo Miquistli, la diosa de la muerte pues fue la única que se compadeció de su muerte.
Ella no entendía porque la vida se le acababa poco a poco. Ya nadie le hacía caso,
ni siquiera la mariposa que siempre volaba alrededor de ella. Poco a poco fue perdiendo sus colores, olores, su néctar hasta que murió sobre la roca.
Todo empezó en el valle de la antigua Tenochtitlán vivía una miserable cempasúchil que aunque era hermosa y amada por todos sus conocidos, había algo en ella que no la hacía feliz; el estar sujeta a su raíz y no conocer más allá de lo que sus ojos alcanzaban a ver la hacía vivir insatisfecha. Trató de diversas formas de desprenderse de su raíz, hasta que llegó Tochtli el conejo y después de mordisquear su tallo, le dio a Xóchitl la libertad que buscaba.
Una vez libre, Xóchitl se fue volando con el viento del norte. Ella era feliz. Por lo que no se dio cuenta de que dejó triste a su raíz. Ella visitó diversos lugares, entre ellos un maizal, un río, el mar y las rocas. Y a cada lugar al que iba y a todos los animales y cosas que conocía les presumía de su libertad, y negando de su origen floral les preguntaba a todos su origen y les preguntaba por sus raíces, ella no alcanzaba a entender de que las flores dependían de las raíces para sobrevivir y ella era demasiado egocéntrica para entenderlo.
Después de haber recorrido tantos lugares y de haber conocido a diversas cosas en su camino, Xochitl ya estaba agotada y cansada, tenía sed pero no podía tomar agua porque no tenía raíces. Todo iba acabando para la flor, pero ella pudo comprender que las flores no pueden vivir sin su raíz pero lo entendió demasiado tarde.
Ella no entendía porque la vida se le acababa poco a poco. Ya nadie le hacía caso,
ni siquiera la mariposa que siempre volaba alrededor de ella. Poco a poco fue perdiendo sus colores, olores, su néctar hasta que murió sobre la roca.Todo empezó en el valle de la antigua Tenochtitlán vivía una miserable cempasúchil que aunque era hermosa y amada por todos sus conocidos, había algo en ella que no la hacía feliz; el estar sujeta a su raíz y no conocer más allá de lo que sus ojos alcanzaban a ver la hacía vivir insatisfecha. Trató de diversas formas de desprenderse de su raíz, hasta que llegó Tochtli el conejo y después de mordisquear su tallo, le dio a Xóchitl la libertad que buscaba.
Una vez libre, Xóchitl se fue volando con el viento del norte. Ella era feliz. Por lo que no se dio cuenta de que dejó triste a su raíz. Ella visitó diversos lugares, entre ellos un maizal, un río, el mar y las rocas. Y a cada lugar al que iba y a todos los animales y cosas que conocía les presumía de su libertad, y negando de su origen floral les preguntaba a todos su origen y les preguntaba por sus raíces, ella no alcanzaba a entender de que las flores dependían de las raíces para sobrevivir y ella era demasiado egocéntrica para entenderlo.

Después de haber recorrido tantos lugares y de haber conocido a diversas cosas en su camino, Xochitl ya estaba agotada y cansada, tenía sed pero no podía tomar agua porque no tenía raíces. Todo iba acabando para la flor, pero ella pudo comprender que las flores no pueden vivir sin su raíz pero lo entendió demasiado tarde.




